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Crítica de Bajo la Arena

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¿Os imagináis como sería desactivar y recoger con las manos desnudas 45000 minas anticarro en una playa de arena infinita? Pues eso es lo que tienen que hacer un puñado de prisioneros alemanes, al término de la II Guerra Mundial, en Bajo la arena, dirigida por Martin Zandvliet y protagonizada por un espléndido Rolland Moller y un grupo de jóvenes actores no profesionales.   

Este drama bélico, basado en un oscuro capítulo de la historia de Dinamarca, muestra el horror psicológico de una batalla librada por el ejército danés después de la guerra en un escenario donde solo hay arena, agua, sol… y muerte a quince centímetros bajo los pies.



Tráiler

Donde comprar la película

Sinopsis

Al término de la II Guerra Mundial en 1945, Dinamarca comenzó su particular guerra: utilizar, sin compasión alguna, a prisioneros alemanes, para desenterrar las minas depositadas por los alemanes en las playas de la costa oeste de Jutlandia. Unos casi niños soldados alemanes fueron los encargados de este peligroso cometido, en una misión en la que no solo tendrían que luchar por la vida, sino también con el odio, el arrepentimiento y el perdón.

Premios

  • Premios Óscar: Nominada a Mejor película de habla no inglesa. 2016
  • National Board of Review (NBR): Mejores películas extranjeras del año. 2016
  • Premios del Cine Europeo: Mejor fotografía, vestuario y maquillaje. 2016
  • Festival de Gijón: Premio del público. 2015


Un hecho real

En las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, el ejército alemán, previendo un desembarco masivo de las tropas aliadas, pero sin saber con certeza por dónde se produciría la operación anfibia, sembró de minas centenares de kilómetros de  playas danesas.

En total fueron enterradas 2 200 000 minas, que convirtieron unas playas vírgenes en un infierno de muerte disfrazada de inocente arena.

Bajo la arena

Así, al término de la guerra, en mayo de 1945, Dinamarca, en un capítulo de su historia del que no están precisamente orgullosos, utilizó a 20000 prisioneros alemanes. Estos eran chicos jovencísimos que aún no habían cumplido su mayoría de edad, que tuvieron que retirar este material  mortífero y mutilador de sus playas, sin que los daneses tuvieran ningún miramiento por su salvaguardia.

Era una actividad tremendamente peligrosa, que requería un alto grado de entrenamiento y profesionalización. Y fue realizada por unos inexpertos y aterrorizados soldados, sin las más mínimas medidas de seguridad, en un entorno tremendamente hostil de maltrato físico y psicológico.

La historia que se oculta bajo la arena

En Bajo la arena, un pequeño grupo (14 chicos) de rehenes  alemanes, será el encargado de desactivar y retirar de una playa inmensa de Dinamarca, 45000 minas que el ejército alemán había enterrado en la arena.

Bajo las órdenes del sargento Carl Ramussen (Rolland Moller), un militar despiadado, brutal,  amargado por la guerra, y que odia a los alemanes a muerte, este pelotón vivirá en una cabaña de una granja danesa, malnutridos y maltratados con el único propósito de remediar lo que su ejército perpetró.

Los catorce chicos, dos de ellos hermanos gemelos,  demasiado jóvenes para haber ido a una guerra, demasiado jóvenes para empuñar un arma, y demasiado jóvenes para morir, asumen con resignación la parte de culpa que como alemanes les corresponde del genocidio y de la muerte de millares y millares de personas,  y acatan con estoicismo las humillaciones a las que son sometidos.

Bajo la arena

A pesar de su juventud, en un inhumano e insuficiente entrenamiento de desactivación de minas, aprenderán con lágrimas, sangre y sudor que no hay lugar para el más mínimo error; o triunfo o muerte, no queda otra.

Todos saben que enredan con artefactos mortales cuando tumbados sobre su vientre en la arena, y  temblando de miedo, intentan desactivar las minas, sabiendo que el más nimio yerro puede ser fatal.

Deben desactivar un mínimo de 6 minas cada hora, en unas interminables jornadas de trabajo,  para conseguir limpiar la playa, y se les promete, qué, cuando terminen, serán libres para volver a sus casas. ¿Promesa o  quimera?

Sentimientos bajo y sobre la arena

La tensión, el miedo, el pánico más angustioso, el maltrato, el compañerismo, el odio y el perdón, se entremezclan en Bajo la arena.

En esta película los sentimientos y las emociones están a flor de piel, o a ras de arena, podríamos decir. Por un lado, los militares pertenecientes al destacamento danés, situado en las cercanías de las playas para coordinar el desminado de estas, odian  y maltratan a los prisioneros alemanes, culpándoles de todos los desastres de la guerra, de sus amigos caídos en combate por su culpa, de la muerte y destrucción que han sufrido.

Y, por otro lado, los prisioneros alemanes también llevan su ración de odio y resentimiento. Odian haber perdido su juventud, su vida anterior y su futuro, su país prácticamente no existe, y a la vez, son conscientes de las atrocidades cometidas en nombre de su patria.

Pero la vida avanza, al final solo son personas puestas en unas situaciones límite, y la humanidad que estaba encerrada en sus corazones, bajo una coraza de capas y capas de acero, se va abriendo camino para transformar, con una lección de dignidad, el odio en perdón, el resentimiento en reconocimiento.

¿Película bélica o película antibelicista?

En esta cinta danesa, dirigida por Martin Zandvliet, y protagonizada por unos actores alemanes completamente desconocidos, se da visibilidad a un aspecto de la contienda mundial no muy conocido, en la que los caballerosos aliados no muestran precisamente su aspecto más honorable.

Esta película denuncia esta vergüenza histórica en un ejercicio de sobriedad, belleza y tensión garantizada, mostrando la sinrazón de la guerra, que hace que los unos (Alemania) minen una zona para aniquilar a los otros (Aliados) y, cosas que pasan, luego sean los otros (Dinamarca, del bando de los Aliados) los que tengan que desminar utilizando  como carne de cañón barata, prescindible y renovable, a los críos imberbes del ejército de los unos, responsables del minado de la playa.

Martin Zandvliet ilumina un pasaje oscuro de la historia danesa, con una maestría y una lección de serenidad que le valió una nominación al Premio Óscar como Mejor Película de Habla No Inglesa y numerosos galardones de prestigiosos festivales de cine.

Con elementos simples, arena, unas minas, unas explosiones en las que afortunadamente no vemos demasiado, el terror y la agonía reflejados en los rostros de unos aterrados soldados, el llanto y los gritos de los heridos, el odio de un sargento, la camaradería e  ilusiones de los chicos, y además, por si fuera poco, un perro y una niña que corretean por una playa minada, se va conformando un ambiente tenso y agónico, que muy bien pudiera ser el que realmente se vivió en ese desafortunado y mortífero momento de la historia de la Segunda Guerra Mundial.

El que mandaba pisar la arena

El sargento Carl Ramussen (Rolland Moller) es el antagonista por excelencia, que todo escritor que se precie desearía plasmar en sus libros. Rezuma odio hacia el grupo de prisioneros que tiene bajo su mando, los desprecia y le da absolutamente igual si viven o mueren, si quedan mutilados o tienen hambre. Para él, son un instrumento prescindible, fácilmente reemplazable, solo útil para la misión que se requiere de ellos. Su objetivo es terminar la misión y cerrar capítulo, como todos.

Es odioso, despiadado y cruel…, sí, pero, como buen soldado que es, no es insensible a la camaradería, la disciplina y… la muerte inútil. Es el sargento que ningún recluta querría tener en la instrucción, pero que en un conflicto armado, seguramente más de uno agradecería estar bajo sus órdenes.

Bajo la arena

Sin embargo, a pesar de todo su resentimiento y  los demonios interiores que arrastra de la guerra, día a día, viendo el sacrificio y el compañerismo de los muchachos, que bajo sus órdenes trabajan sin rechistar, y que no dudan en poner en peligro su vida para salvar al compañero, algo va cambiando en su interior.

Los que pisaban la arena

En contraste al sargento danés, nos encontramos a los prisioneros alemanes, (interpretados por actores germanos también, que no conocían la historia que estaban interpretando, y no sabían quién de ellos y en qué momento iba a morir en la ficción), que son jóvenes, que pese a lo que han pasado y están pasando, tienen ilusiones, sueños y proyectos, son chicos normales que cuando acabe la guerra quieren ser albañiles, mecánicos…, y seguir adelante con una vida secuestrada por la guerra.

A estos chicos, automáticamente se les coge cariño, se les adopta, se sufre con ellos, se muere con ellos. Ya no son los malvados alemanes enemigos de los Aliados, los archipoderosos héroes buenos, son solamente unos niños-hombres, que se ven obligados a realizar un trabajo que nadie quiere, afrontando unos peligros que van mucho más allá de todo riesgo razonable.

Con la carga de culpa de la guerra que llevan sobre sus espaldas, arrostran todos los peligros que entraña el desminado, desarrollando un sentimiento de hermandad, influido sin duda por compartir día a día su vida con la muerte que acecha bajo sus pies. A su guardián, pese al maltrato que les inflige, poco a poco le irán viendo con otros ojos.

La arena

Con relación a la arena… es la protagonista silenciosa de esta cinta. Unas playas infinitas, blancas, maravillosas, que deberían estar ocupadas por sombrillas, niños jugando, chicas tomando el sol, griterío y algarabía, se convierten en unas asesinas sin rostro, en unas telarañas que el odio ha tejido, como una paciente araña en su seno, esperando que las inocentes víctimas caigan en sus redes… o pisen las espoletas de las minas.

Conclusión

100 minutos de agónica tensión, con un argumento, que, aunque predecible, nos hace estar pegados a la pantalla. En una vuelta de tuerca consigue que, desde el minuto cero,  uno se encariñe e idolatre a unos soldados de un ejército siempre denostado.

Sin embargo, esa predictibilidad de la que adolece, por la que anticipamos hipotéticos peligros y muertes, añade más angustia si cabe, a una película no apta para cardíacos, y, que viene a demostrar, que la sombra de la guerra es alargada, que nadie es tan bueno como parece y que, a veces, los malos malísimos… son los mejores amigos.

Bajo la arena: toda una lección de historia, un ejemplo de superación, responsabilidad, resignación y perdón, que no dejará indiferente a nadie. Recuérdala cada vez que pises la arena en la playa…

Reportaje de Land of Mine en Días de Cine TVE

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